Muerte de una mascota

por | Sep 1, 2021 | Actualidad, Adultos | 0 Comentarios

e hace ya un tiempo cada vez son más las familias y personas que han incorporado a sus hogares mascotas, siendo las más comunes: gatos, perros, aves, y otras más exóticas como hurones, reptiles, conejos, arácnidos, etc.

Muerte de una mascota y la pandemia:

La reciente pandemia mundial por covid-19 incrementó sustancialmente la adopción de perros y gatos, como nunca antes los refugios de animales rescatados estaban con sus caniles y jaulas vacías, esto nos refleja dos aspectos sumamente relevantes: el primero de ellos es que la soledad y el encierro removió aspectos profundos a nivel relacional y emocional y que por otra parte, existe un reconocimiento genuino al vínculo afectivo generado con los animales de compañía.

“El animal de compañía se define como aquel que se encuentra bajo control humano, comparte intimidad y proximidad con sus propietarios, y recibe un trato especial de cariño y cuidados que garantizan su estado de salud” (Bovisio, et al, 2004). Siendo los más comunes en latinoamérica los perros y gatos, quienes tienen la capacidad de crear vínculos afectivos estrechos con sus humanos produciendo “efectos positivos en la salud y bienestar de las personas. Permiten el desarrollo psicológico y emocional, a través del fortalecimiento de valores como el amor, la fidelidad, la alegría, la disciplina y la responsabilidad; valores que enseñan tanto a niños como a adultos” (Cartolin et al, 2020)

 

Pero, ¿Qué ocurre cuando estos compañeros de aventuras, cotidianidad, penas y amargura ya no están con nosotros?  ¿Cómo afrontar el dolor de su ausencia? ¿Existe duelo por el fallecimiento de una mascota? Son muchas las interrogantes que nos surgen ante este tema, por ello a continuación abordaremos las más relevantes.

La ausencia de una mascota no solo nos deja el vacío de su presencia, sino también el de las actividades que compartimos, ya que no deja de ser sorprendente cómo estos seres pueden ayudar a mantener nuestra salud tanto a nivel físico como psicológico, es tan estrecho el lazo que se crea con estos seres, que ante su pérdida “se ha detectado que a diferencia de las pérdidas humanas, la culpa toma una figura relevante en el proceso de duelo” (Quacken-bush & Glickman, 1984). Lo anterior ocurre cuando la muerte se produce por circuntancias prevesibles como accidentes (atropellos, caidas, golpes), o se fuga del hogar y el animal desaprece, provocando angustia e incertidumbre en su propietario, tambien cuando no queda mas opcion que recurrir a la muerte por eutanasia ante el bienestar fisico del animal, complicando aun más la reaccion del propietario porque “se incrementa la intensidad y duración del dolor, aumenta la inquietud, pues no sabe si la decisión que tomará será la correcta” (Davis et al 2003; Sharkin y Knox, 2003).

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Lamentablemente, los animales de compañía no viven tanto como las personas, por ello el acoger el dolor de su ausencia, tal como lo hacemos ante la pérdida de un ser querido, dando espacio y validación a la tristeza y a cada una de las emociones que nos provoca su pérdida y ausencia, es algo que no solo nos ayudará a superar de mejor forma la situación, sino que también nos servirá para afrontar otras situaciones de pérdida venideras, ya que en muchos casos esta puede ser la primera experiencia de cara con la muerte, como ocurre en el caso de las familias con niños y adolescentes, donde el poder afrontar el tema de la pérdida por fallecimiento de una forma cercana y amable conlleva que estos puedan concebir a futuro otras pérdidas de una manera segura y tranquila.

El duelo

Por otro lado, desde no hace mucho tiempo, solo se le daba la categoría de duelo a la pérdida por fallecimiento de un familiar, hoy en día esta definición tiene una amplitud mayor, donde se incluye cualquier tipo de pérdida que pueda sufrir un sujeto o individuo indistintamente sea por fallecimiento o no. Por lo anterior podemos indicar que el fallecimiento de nuestro compañero de vida es duelo emocional, que Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, nos explica de forma sencilla a través de cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, que nos orientan a aceptar la pérdida.

 

El dolor de la ausencia, sin duda es lo más complejo ante la pérdida de una mascota, esto porque “el bienestar del animal depende completamente de su dueño, por lo que habrá sentimientos de culpa tras la muerte” ( Hunt y Padilla, 2006)  los que se verán agudizados al observar su lugar de descanso o favorito para tomar el sol, sus enseres personales, pero también tenemos la oportunidad de recordar todos esos bellos momentos que compartimos juntos y dar gracias por el amor recibido y su incondicional compañía.

La pérdida de un animal:

Sin duda alguna “la pérdida de un animal de compañía puede ser un acontecimiento vital muy estresante. Las personas pueden pasar por periodos de sentimientos como la negación, tristeza, ira, ansiedad, adormecimiento y culpa” (Melendez, 2014), viendo afectada fuertemente su vida cotidiana, al mermar la capacidad para poder concentrarse en otras cosas y seguir, por ello es relevante contar con con la información necesaria y acorde a la situación, como también entregar la validación emocional necesaria ante la pérdida.

Una adecuada forma de aliviar  el dolor psicológico es realizar un ritual de despedida acorde a las creencias espirituales propias de cada persona o familia,  donde pueden incluir palabras de agradecimiento, flores, regalos simbólicos, hay quienes prefieren enterrar a su animal de compañía en el jardín para así tenerlo cerca, y otros prefieren solicitar su cremación para tener sus cenizas y un recuerdo de ellos por siempre, o dejarlos en un cementario de mascotas para poder visitarlo, todas actividades que apuntan a una despedida respetuosa, y que ante su ausencia podrían dificultar la resolución del duelo.

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Referencias:

 

Bovisio M, Fracuelli MC, González BB, Lencinas OE, Mestres NA, Varela AS, Marcos ER. 2004. Características de la convivencia humano-animal en la Ciudad de Buenos Aires y su relación con la prevención de zoonosis. Instituto de Zoonosis Luis Pasteur – Ministerio de Salud – GCABA.

 

Cowles KV. 1985. The death of a pet: human responses to the breaking of the bond. Marriage Fam Rev 8: 135-148. doi: 10.1300/J002v08n03_10 [ Links ]

Davis H, lrwin P, Richardson M, O’Brien-Malone A. 2003. When a pet dies: religious issues, euthanasia and strategies for coping with bereavement. Anthrozoos 16: 57-74. doi: 10.2752/089279303786992378

Hunt M, Padilla Y. 2006. Development of the pet bereavement questionnaire. Anthrozoos 19: 308- 324. doi: 10.2752/089279306785415493

Meléndez LM. 2014. El vínculo humano- animal y sus implicaciones para la psicología en Puerto Rico. Rev Puertorriqueña Psicol 25: 160-182

Quackenbush JE, Glickman L. 1984. Helping people to adjust to the death of a pet. Health Social Work 9: 42-48. doi: 10.1093/hsw/9.1.42

Sharkin B, Knox D. 2003. Pet loss: Issues and implications for the psycho-logist. Profess Psychol Res Practice 34: 414-421. doi: 10.1037/0735-7028.34.4.414

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