Salud mental y cuerpo

por | Sep 19, 2019 | Actualidad | 0 Comentarios

 

Muchos de nosotros hemos crecido pensando que la salud mental y la salud física son dos ámbitos muy distintos y sin ninguna relación. Generalmente cuando tenemos alguna dolencia o malestar de carácter físico comúnmente nos acercamos a un(a) médico y esperamos que nos oriente en la cura.

 

De esta manera solicitamos atención con un especialista y le explicamos nuestro problema, nos hacemos los exámenes correspondientes, esperamos el diagnóstico y seguimos la prescripción médica para así sentirnos mejor. 

Al realizar este proceso, que muchas veces resistimos pues implica tiempo e inversión, rara vez pensamos que pueda deberse a una afección emocional o que tenga relación con algo psicológico.

Esto debido a que tenemos demasiado internalizada la división entre mente y cuerpo. Incluso la mayoría de los profesionales de la salud tienen una inclinación muy marcada a analizar las problemáticas fisiológicas desde una perspectiva centrada en el cuerpo y dan poca o nula relevancia a los aspectos emocionales o psicológicos, esto sin duda nos reafirma en la equivocación de que nuestro problema corporal solo es eso, un problema corporal.

¿Cómo la Salud Mental influye en nuestro cuerpo?

Sin embargo investigaciones de vanguardia en salud están cambiando la perspectiva de muchos problemas fisiológicos y enfermedades que hasta ahora solo habían sido analizadas desde una perspectiva biológica. 

A través del desarrollo científico en medicina, específicamente en neurología, se ha podido observar como las emociones, sobretodo, aquellas llamadas primarias tienen un importante impacto en la corporalidad y el origen de ciertas patologías físicas.

Emociones básicas y su relevancia

Las emociones básicas son aquellas que tienen un carácter de supervivencia, es decir, nos han permitido como especie sobrevivir y adaptarnos desde nuestros comienzos. Entre ellas tenemos las siguientes: Alegría, sorpresa, asco, miedo (ansiedad), tristeza, ira. 

Todos los seres humanos las compartimos, independientemente de nuestra cultura y resultan fundamentales para relacionarnos con los otros y con nuestro medio, sin embargo una activación prolongada en el tiempo de algunas de ellas puede generar importantes efectos perjudiciales en nuestro cuerpo.

Esto debido a que cada una de estas emociones genera una determinada preparación física de nuestro organismo para superar la situación específica que la generó. Así, la tristeza dispone nuestra corporalidad en una especie de inercia, ralentizando todos los procesos fisiológicos para re-direccionar nuestra atención desde el mundo hacia nosotros con la finalidad de poder integrar la experiencia dolorosa.

Esto genera una gran liberación de sustancias pro-inflamatorias para poder lidiar con el dolor, ya que la zona cerebral del dolor físico y fisiológico es la misma. En el caso de la rabia se activa el sistema simpático, liberándose una gran cantidad de hormonas y sustancias pro-inflamatorias que activan nuestros cuerpos para pelear o arrancar.

De esta manera incrementa nuestra tensión muscular, el flujo sanguíneo y nuestra tolerancia al dolor entre otras. Si estas emociones son recurrentes y se prolongan por mucho tiempo, a veces, meses o años el cuerpo se resiente al punto de generar una enfermedad física real.

Emociones y Enfermedades

Hoy en día se sabe que la activación prolongada de ciertas emociones como el miedo, la ansiedad, la tristeza o la rabia genera una concentración anormal de una sustancia pro-inflamatoria llamada citosina que se encuentra a la base del desarrollo de múltiples enfermedades como el alzhéimer, cáncer, ateroesclerosis, fibromialgia, lupus y diabetes entre otras, además de en aquellas donde los procesos inflamatorios son la misma base de la enfermedad como el Crohn o la artritis reumatoide.

Además se puede mencionar que todas estas emociones se encuentran a la base del estrés. El estrés como tal no es una emoción, sino un estado biológico complejo que se genera cuando estas emociones han estado activas por mucho tiempo.

 El impacto más importante a nivel fisiológico del estrés es su repercusión en el sistema inmunológico. El sistema inmunitario es el encargado de hacer frente a todos los agentes patógenos, por lo que su mal funcionamiento nos hace más vulnerables a enfermarnos o recuperarnos de una determinada enfermedad.

¿Qué hacer cuando el cuerpo avisa?

Cómo se ha dejado entrever en el inicio, la mayoría de los seres humanos somos reacios a cuidar nuestra salud. La mayoría tenemos hábitos poco saludables y solicitamos atención solamente cuando creemos tener un problema grave. Esto sin duda, hace más probable que nuestra afección se vaya complejizando al igual que el posible tratamiento. Por eso en salud existe una máxima fundamental: “Prevenir es mejor que curar”.

En salud mental siempre es preferible que las personas sean más preocupadas de su bienestar psicológico, sin embargo suele no suceder; es por ello que el llamado de la sabiduría corporal, a través de signos de dolencia y malestar, no debe ser desatendido, puesto que su silenciamiento puede ser muchas veces el inicio de una situación irreversible.

Un ejemplo de esto es el lupus, una enfermedad autoinmune como el SIDA de difícil tratamiento y proyección reservada. Generalmente tiene un origen emocional, que pasado años puede desencadenar en una fibromialgia que indebidamente cuidada puede convertirse en esta enfermedad.

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