Los siete pilares de la resiliencia

por | Oct 26, 2023 | Actualidad | 0 Comentarios

¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es la capacidad universal del ser humano para afrontar y superar
adversidades de la vida, pudiendo ser transformado positivamente y obtener nuevos
recursos para superar futuras situaciones complejas.
En esta línea, las personas que padecen alguna situación de riesgo, enfermedad,
duelo, catástrofe o trauma, transitan por una serie de desafíos, que una vez
superados o resignificados con el tiempo, dotan al ser humano de la habilidad y el
potencial para resurgir en la vida, pudiendo adaptarse y recuperarse de mejor
manera ante eventos futuros.

 

El arte de resurgir a la vida

Al trascender escenarios complicados, adquirimos fortalezas intrapsíquicas, es decir,
recursos internos que fortalecen nuestra interacción con la vida. Además de aprender
a practicar el autocuidado de diversas maneras para mejorar nuestra calidad de vida.
Una forma de autocuidado puede darse en un acompañamiento psicoterapéutico, en
el que estos modos de resiliencia pueden ser propiciados, a fin de poder enfrentar
situaciones dolorosas de la vida desde un lugar seguro y profesional. En este
encuentro facilitador, podemos encontrar la posibilidad de hablar de nuestros
sentimientos y percepciones, a fin de darle significado a nuestro dolor y pensar en
conjunto formas de resolverlo o transitarlo.
En resumen, el matrimonio de investigadores Wollin, estableció que no existe una
forma singular de resiliencia, sino una pluralidad de siete modos característicos de
esta virtud, los cuales revisaremos a continuación.

1. Interacción y capacidad para relacionarse
La capacidad para establecer vínculos íntimos, fuertes y confiables con otras
personas nos brinda un sentimiento de pertenencia en el que podemos mostrarnos
frente a un/a otro/a, además de poder ser queridos/as, escuchados/as y contenidos/
as. Sumado a la actitud de brindarnos a otras personas.
La habilidad para poder relacionarnos y generar lazos de empatía favorece obtener
comprensión en la otra persona, además de poder generar pares y una red de apoyo
con la que podamos disponer en diversos contextos.
Una red de apoyo con la que contar y poder expresarnos, facilita el sentimiento de
entendimiento mutuo, además de poder ser ayudados/as por parte del resto en
momentos complicados de la vida.

2. Introspección
La introspección, es la capacidad de observarse a sí mismo/a, cuestionarse,
reflexionar, plantearse preguntas complejas y darse respuestas honestas, además de
poder mirar algunos aspectos personales de distinta perspectiva.
En la adolescencia, la introspección responde a la capacidad de identificar lo que
sucede alrededor, para comprender las situaciones y adaptarse a ellas. Mientras que,
en la adultez, las cualidades relacionadas a la introspección son la sabiduría y la
comprensión de sí mismo/a y del resto, sin culpar a los demás (Anaut, 2017).
Desde un lugar resiliente, la introspección propicia el acto generar conciencia sobre
sí mismo/a, logrando identificar problemas, sus orígenes y buscar obtener una
solución o generar una práctica para trabajar en resolverlos.

3. Humor
El humor, no sólo es un recurso para mirar las dificultades de la vida desde lo cómico,
sino también, nos permite alejarnos de la tensión y la angustia, haciendo las
situaciones más livianas.
Recurrir al humor en ciertas ocasiones también es una estrategia de afrontamiento,
puesto que neutraliza nuestra conciencia crítica de apreciar las situaciones y nos hace
despojarnos del carácter dramático con el que tendemos a manifestar nuestra
preocupación.
El humor es una característica que nos permite relativizar las situaciones que estamos
viviendo, además de positivizar la manera con las que las apreciamos. Por esta razón,
el humor es un medio para elaborar las adversidades de un modo más lúdico y así
poder superarlas con mayor facilidad (Anaut, 2017).

4. Autonomía
En la adultez, la autonomía se expresa en la determinación por tomar decisiones
propias de forma independiente.
En contextos problemáticos, la autonomía está relacionada a establecer los límites
personales, a fin de lograr mantener cierta distancia física y/o emocional respecto a
un problema.
De igual modo, la autonomía responde a la capacidad de autocuidado en situaciones
complejas, a la par de tomar decisiones adecuadas en función del bienestar
personal, sin la necesidad de involucrarse en escenarios conflictivos.
En esta línea, la autonomía forma parte de la resiliencia, en respuesta a la capacidad
poder tomar determinaciones conscientes por sí mismo/a/.

5. Iniciativa
La iniciativa nos habla de la capacidad de poder establecer proyectos y metas en la
vida. Aquello, nos permite ponernos a prueba en distintas situaciones, de modo que,
una vez superadas, nos permite resolver desafíos más exigentes y estar mejor
preparados/as ante estos.
En otro lugar, la iniciativa refiere a la capacidad de autoregularse y tener
responsabilidad personal, lo que es necesario para nuestra independencia.
En contextos adversos, la iniciativa tiene que ver con hacerse cargo de las dificultades
y tomar el impulso para buscar modos de resolverlas. Gracias a la iniciativa, podemos
expandir nuestra experiencia y atrevernos a afrontar diversas exigencias de la vida.
En la adultez, la iniciativa es manifestada como la capacidad de generatividad
respecto a los proyectos personales, a fin de aproximarse a un sentimiento de
autorealización.
(Anaut, 2017).

6. Creatividad
La creatividad es una cualidad innata del ser humano, la que nos permite elaborar
nuevas hipótesis, pensar en soluciones estratégicas e idear posibilidades de acción.
Aquello, nos permite desenvolvernos en la vida, encontrar refugio en el mundo
imaginario y concretar nuestras ideas en el exterior.
En términos generales, la creatividad responde a la capacidad de imponer orden,
belleza y propósito a partir de situaciones de dificultad.
Bajo esta premisa, la creatividad nos instruye de generar condiciones de vida en las
que nuestros deseos, propósitos y objetivos tengan cabida en nuestro contexto.
(Anaut, 2017).

7. Moralidad
La moralidad es la actividad de una conciencia informada junto con el compromiso
de ciertos valores, además de poseer la capacidad de discriminar entre lo
moralmente correcto y lo moralmente incorrecto.
En la adultez, la moralidad se expresa como la habilidad de brindarse frente a otra
persona de modo servicial y de entrega hacia el resto.
Al referir a la conciencia moral, en ciertas prácticas, también hablamos de ética, lo
que permite desarrollar la ayuda mutua y la compasión, además de evitar el daño
frente a otra persona.
En contextos adversos, la moralidad como valor, desarrolla el sentido de lealtad y
compasión, junto con considerar el bienestar de la otra persona. Tomar decisiones en
función de estos valores constituye una actitud resiliente que facilita la superación de
situaciones complejas.

Ps. Tomás Jiménez

 

Fuente: Poletti y Dobbs en Anaut, M. (2017). Humor, entre la risa y las lágrimas:
Traumas y resiliencia.

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