La psicopatía

por | Ago 24, 2020 | Actualidad, Adultos | 0 Comentarios

Las personas que reúnen las características de “psicópatas”, pueden ser mujeres u hombres, y una paleta que va: desde individuos que son pequeños estafadores – embaucadores que estafan no pagando ciertos compromisos, hasta individuos asesinos seriales al estilo de Hannibal Lecter o al estilo de Hugo Bustamante más conocido como el “psicópata del tambor” y recientemente procesado por darle muerte a la joven Ámbar quien nos ha tocado el alma. Hay que asumir entonces que, podremos estar conviviendo  a diario con personas de esta naturaleza.

 

Nuestras cicatrices tienen el poder de recordarnos que el pasado fue real.

-Hannibal Lecter

Según Oliveira-Souza y Moll (2008), la psicopatía se puede describir en dos sentidos: uno relacionada al desarrollo y uno a eslabones adquiridos. La primera, corresponde a un desorden en la personalidad, que se inicia en edades tempranas, manifestándose más notoriamente en la adolescencia.

La segunda, correspondería a un comportamiento psicopático asociado a un daño cerebral adquirido. Si bien, ambas modalidades descriptivas orientan ejes distintos, ambas tienen en común una falla estructural en el cerebro y en el psiquismo.  En este artículo trataremos de integraremos ambas miradas.

La relaciones interpersonales y el apego

Según John Bowlby (1977) el apego tiene que ver con los vínculos emocionales que las personas desarrollan durante toda su vida. Es el modo afectivo, es el “cómo” nos relacionamos. Cada modalidad de expresión de afecto de las figuras significativas (cuidadores o cuidadoras), gatilla una determinada respuesta emocional.

Por ejemplo, frente a la mirada amorosa de la madre el niño o niña, sonríe y siente que puede confiar. En cambio, frente a la demanda afectiva del niño o niña, la mirada de la madre es rechanzante o evitativa, aquella experiencia deja indiscutiblemente un precedente para lo que será el desarrollo del adulto.

En términos teóricos hay tres tipo de apego: el A, B y C. Siendo el B, el apego seguro y que apunta a un desarrollo integral que permite adaptarse mejor al medio.

El apego tipo A: inseguro evitativo. La figura significativa no se encuentra disponible antes las demandas del niño o niña, por lo tanto comienza a gestarse una cierta independencia afectiva. A través del tiempo aprenden a negar las emociones y sentimientos, no los expresan, porque éstos no son tomados en cuenta, por lo tanto no es algo relevante.

Sin embargo, la forma de llamar la atención es haciendo cosas para complacer a los otros. Aprenden a controlar e inhibir emociones, lo que se traduce en la expresión de un falso afecto ( por ejemplo, frente a situaciones de alta tensión, la persona sonríe).

Apego tipo C: Apego inseguro ambivalente.  El niño o niña, comienza a utilizar estrategias emocionales para lograr suplir sus necesidades y conseguir la atención de sus cuidadores. Existe una falta de sincronía emocional con el niño o niña, es decir hay momentos en donde el o la cuiadora está presente y otras no, sin previo aviso. Así, esta puede o no encontrarse disponible ante sus demandas.

Cómo la disponibilidad de encontrar contención emocional, el mundo se vuelve impredecible, es decir, cualquier cosa puede suceder y en ese sentido la percepción de la realidad se puede ver alterada, creando falsas cogniciones de la misma. Por ejemplo, la madre se ausenta sin previo aviso para ira de compras y el niño cree que tuvo un accidente de tránsito, el estado emocional está hiperactivo, lleno de miedo y angustia que lo lleva a llorar durante toda la ausencia de la madre.

Patricia Crittener (2016) describió el tipo de apego que establecen las personas con características psicopáticas, como Anti-Integrado, es decir, utilizan ambas estrategias para vincularse con los demás.

Son capaces de expresar un falso afecto y una falsa cognición, esto significa que desconfían tanto de los afectos de los otros, como de los pensamientos.

Lo anterior puede generar profunda decepción, distorsionando la realidad de forma muy radical. Por ejemplo, la víctima de un psicópata, no puede tener nada que ver con el sujeto, ni con su historia, se convierte de un momento a otro en una fuente de odio o blanco de venganza.

Las relaciones interpersonales están cargadas de manipulación e instrumentalización, esto quiere decir que no hay reciprocidad, ni empatía. Solo se relacionan en la medida que el otro le sirva de algo. Al expresar afectos falsos, son personas muy seductoras, careta que encubre un mar histórico de rabia y miedo asociados, muchas veces, a historias de abandonos, negligencias y abusos desde edades muy tempranas.

La cooperación, la confianza y la reciprocidad, son dimensiones en las que se pueden observar conductas psicopáticas.

Estas se caracterizan por la tendencia al egoísmo y a la explotación de los demás (por ejemplo, en el campo laboral se da bastante la explotación de trabajadores que disponen  de jefes con características de psicópatas y que suelen ser llamados “jefes estrictos”).

Como se señaló anteriormente sobre los tipos de apego, las personas psicópatas suelen ser intrépidas, impulsivas, planas afectivamente y manipuladoras.

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Características biológicas del cerebro de un/una psicópata

Los/las criminales psicópatas presentan una estructura cerebral diferente, anómala: tienen menos materia gris en la corteza pre- frontal anterior y en los lóbulos temporales (asociado al comportamiento moral, especialmente el lóbulo derecho).

Las vías o caminos neuronales relacionados con las emociones, el miedo, la agresividad y la toma de desiciones, se encuentran dañadas, siendo funciones cruciales en la lectura de emociones de los otros e intenciones, como por ejemplo la empatía y el comportamiento moral.

Además, presentan una débil respuesta al miedo, angustia, culpa y vergüenza.

En el Instituto de psiquiatría del King’s College de Londres, llevaron a cabo un estudio en donde recularon criminales violentos, menos de la mitad estaban diagnosticados previamente con Trastorno de personalidad antisocial y el otro grupo no tenían diagnósticos previos, sin embargo habían cometido crímenes parecidos y brutales.

Al realizarse detallados exámenes de imágenes,  los investigadores llegaron a la conclusión que aquellos individuos que no tenían diagnósticos previos presentaban una arquitectura en ciertas áreas del cerebro distinta a los que estaban con diagnósticos previos.

Lo relevante de este estudio es que habría una diferencia entre el Trastorno de personalidad antisocial y la Psicopatía (ambos pueden llegar a cometer crímenes parecidos).

En el caso de la psicopatía, las conductas relacionadas con la crueldad eran manifestadas en edades tempranas, lo cual resulta imposible una futura rehabilitación en etapas adultas, ya que no responden de forma adecuada al castigo ( aquello es instalado en la infancia).

Áreas del cerebro como la corteza singular, encargada de activar funciones para modificar o crear nuevas expresiones de conductas, no funcionan de forma adecuada en las personas con psicopatía.

En ese sentido, es por ello que la persona puede volver a cometer estafas, crímenes violentos, etc. porque no hay conciencia de arrepentimiento o del “deber ser”, solo se deja llevar por sus propias necesidades e impulsos.

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La empatía en la psicopatía

La mayoría de las personas cuando se enfrentan a una circunstancia en donde un cercano presenta algún tipo de sufrimiento, sentimos también la angustia y nace el deseo de sostener al otro, de ayudarlo.

En el caso de personas con psicopatías ocurre lo contrario, ante un acontecimiento similar, actuar con frialdad o crueldad.

Por ejemplo, el estado mental de un sujeto que ha cometido un crimen y las emociones que embargan su mente son principalmente de miedo por las represalias de la justicia o de los internos en pasión, pero sin que se manifieste ningún sentimiento de culpa por el daño cometido.

En la mayoría de los casos, las personas con psicopatías no son capaces de expresar las razones que lo llevaron a lo cometido, no son capaces de expresar lo que sintieron ni realizar un relato coherente.

Esto indica que las personas con estas características poseen escasos recursos mentales (afectivos, cognitivos y creativos).

En el caso de una persona que mató a otra por defensa propia porque este entró a su domicilio con amenazas. Acá la persona experimenta una intensa angustia por haber llegado al límite de atacar a otro, inclusive si aquello es en defensa propia.

El clima emocional es de culpa y tristeza por una vida perdida, etc. En este caso puede haber un relato coherente sobre lo ocurrido y el porqué lo llevó a cometer aquel acto, lo que demuestra en comparación al actuar psicopático, es que la persona que actúa en defensa propia dispone de muchos más recursos mentales y un nivel mayor de auto conciencia.

Los recursos mentales según Caponni (2019) corresponden a la capacidad de enfrentar los desafíos propios de la vida modulando adaptativamente las emociones, conteniéndolas y permitir pensar las situaciones, hacer una reflexión coherente de lo acontecido.

Esto permite finalmente dar una respuesta creativa a las exigencias del medio.

La empatía también tiene una base biológica y permite simular sentimientos del otro en uno mismo lo que permite tener una cierta simpatía con aquel estado emocional.

En el caso de la psicopatía, frente al dolor del otro son indiferentes, no disponen esa capacidad de simulación, no logran desencadenar aquellas respuestas neuropsicologías automáticas productos de alteraciones en el cerebro emocional (sistema límbico y amígdala) .

Finalmente, dicho todo lo anterior es sumamente difícil o casi imposible una rehabilitación de una persona con una arquitectura cerebral psicopática. La dificultad para distinguir entre reglas convencionales de comportamiento ( esto no se hace o no se puede)  y reglas morales ( esto no se debe hacer), sumado a la ausencia de respuesta al castigo y diferencias anatómicas, es imposible que la persona cambie su estructura de base.

Es por ello que la única salida para evitar convertirse en una carnada para un o una psicópata es tener un sistema de justicia que funcione de forma adecuada, que cumpla su labor elemental de proteger a sus ciudadanos, así como también ser estrictos con las evaluaciones neuropsicologicas, psicológicas y psiquiatras.

Siempre existirán pequeños estafadores o embaucadores que se escabullirán con camuflajes de “buenas personas” , sin embargo en aquellos casos en donde la justicia está en juego, ésta debe funcionar de forma adecuada y en el momento indicado.

Bibliografía

Lobos E., Slachevsky A., Fuentes Py Manes F. 2008. Tratado de Neuropsicologia Clínica. Buenos Aires, Argentina.  Editorial Akadia

Patricia Mckinsey Crittenden. Apego y psicopatología. Sociedad de Terapia Cognitiva Posracionalista.  Traduccion Antonio Castro Cádiz.

https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/fullarticle/1149316

https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/27/posts/toma-el-dinero-y-corre-psicpatas-en-el-juego-de-la-confianza-18083

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